domingo, 14 de octubre de 2018

Petirrojo europeo.

El petirrojo (Erithacus rubecula) tiene el pico fino, como todas las aves que se alimentan básicamente de insectos. Los adultos se distinguen por su pecho y frente rojos enmarcados en colores grises plomizos. La parte superior es pardo olivácea y el vientre blanquecino; su cuello es corto. Existe la posibilidad de confundirlo con el papamoscas papirrojo, que, sin embargo, es de tamaño mucho menor. El petirrojo mide 14 cm. y el papirrojo sólo 11.5. Además, el papirrojo tiene una cola de raíz blanca y el rostro gris.

Los jóvenes petirrojos presentan manchas pardas, siendo característicos sus grandes ojos oscuros. Su rostro, pecho y flancos están franjeados de color pardo oscuro.


El petirrojo habita en bosques húmedos, frondosos y mixtos, con abundante sotobosque y espesa capa de hojas muertas o de musgo, parques y jardines con maleza. Tiene preferencia por la cercanías del agua. Se encuentra por cualquier lugar.

Es muy aficionado a los posaderos bajos y a comer en el suelo, en cualquier claro rodeado de árboles o arbustos. Frecuentemente se le puede encontrar en caminos y senderos con vegetación, correteando como un ratoncillo.



Es un migrante parcial, aunque en ciertas latitudes realiza largos desplazamientos. En nuestra península sólo cría en el norte y en las montañas. En invierno es más abundante por la llegada de migradores europeos. La mayor densidad de invernantes se da en las regiones mediterráneas y en la franja costera cántabro-atlántica, donde la bonanza ambiental es garantía de que rara vez se hiele el suelo.


Los machos cantan desde mediados de enero hasta mediados de junio, sobre todo en los albores del día, abriendo el concierto matutino acompañados del colirrojo tizón y del mirlo común. También cantan al atardecer hasta bien avanzado el crepúsculo. Su canto es un gorjeo variado y pausado, quizás uno de los más bellos emitidos por un pájaro, un sonoro "tic-tic-tic" que emite a intervalos cortos. Los restantes petirrojos y especies muy emparentados son ahuyentados con este canto; en caso de necesidad, se recurre al uso de la fuerza, es decir, al pico y las patas, siendo siempre el pecho rojo el que desencadena la ofensiva.

Durante la época de celo, el macho alimenta a la hembra. Ésta construye el nido en una depresión del suelo, debajo del césped alto o en los agujeros de los árboles, empleando hojas y tallos.

El petirrojo hace dos nidadas entre abril y julio. La puesta consta de 5 a 7 huevos, que son inclubados durante unos 12 a 15 días. Los pulluelos nacen ciegos y desnudos, necesitando el calor materno durante algunos días. Permanecen en el nido de 13 a 15 días. Cuando aprenden a volar su pecho todavía no es rojo, por lo que pueden circular impunemente por el territorio de sus padres.


El petirrojo busca insectos en el suelo; también arañas, lombrices y caracoles. En otoño come bayas y frutos. En invierno se deja ver cerca de los graneros, donde come pasas, copos de avena y otros alimentos blandos.

Aprende pronto a tomar el alimento de la mano del hombre. En este sentido, los petirrojos del norte de Europa están más acostumbrados que los españoles, ya que su experiencia con la especie humana les ha permitido ser más confiados

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